La globalización es uno de los fenómenos más debatidos en los últimos años, se discute si sus efectos son buenos o malos, incluso los mecanismos de integración regional pasan por análisis centrados en la globalización versus la soberanía local, tal es el caso de la posible salida del Reino Unido de la Comunidad Europea brexit; decisiones que solo pueden tomar los propios afectados “el pueblo” mediante “Referendum popular”. Sin embargo, más allá de las discusiones y efectos político sociales de la globalización, hay que reconocer que es un hecho cierto y que el mundo empresarial gira en torno a ella, la globalización permite el establecimiento de estándares y uso común de estructuras para la prestación de bienes y servicios.

Casi todos los países del globo independientemente de su sistema o ideología política, ha sabido vivir con la globalización, no hacerlo significa un aislamiento y atraso que de manera directa afecta la calidad de vida de los habitantes, por ejemplo, los excluye de los avances y bondades de las tecnologías; caso de análisis sería Cuba, por años aislada y en la actualidad iniciando un proceso de reapertura e integración. De esta manera un banco o una empresa de telecomunicaciones con sedes en varios países o una aerolínea internacional, pueden operar en todas partes con un mismo software con una misma nómina y con un mismo sistema, optimizando sus estructuras de costos y garantizando una mayor rentabilidad, eficiencia y calidad de servicios.

En este contexto es importante ver lo que viene ocurriendo en Venezuela, la implantación de un modelo político económico que se diferencia sustancialmente de los conceptos aceptados mundialmente, un modelo que no se adapta a los estándares requeridos para el uso común de sistemas, tecnologías y sobre todo la necesaria libre convertibilidad de la moneda, sin lo cual, nada puede pagarse fuera del país. Esta es la verdadera razón que explica el desabastecimiento de bienes y servicios reinante en el país, explica por qué Visa internacional quiere dejar de operar en Venezuela, por qué ya la tarjeta Priority Pass no funciona para los venezolanos, por qué las telefónicas nos desconectaron el Roaming internacional, o por qué las aerolíneas dejan de operar o reducen sus frecuencias de vuelo desde y para nuestro país. Lo cierto es que los venezolanos cada vez más nos sentimos aislados, con mayores dificultades para salir del país, para acceder a bienes y servicios, para alcanzar la tecnología en la salud, en las finanzas en el trabajo, en la cotidianidad.

¿Se justifica tanto sacrificio para los habitantes de un país solo por un ideal político que ya ni siquiera es mayoritario?