El artículo 50 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela proclama de manera expresa y directa el derecho al libre tránsito que tenemos los venezolanos para circular dentro y fuera del país, derecho que se extiende incluso a nuestros bienes, que según el citado artículo constitucional podemos sacar o traer al país cuando nos plazca. Este importante derecho constituye uno de los más fundamentales que ha conquistado el ser humano desde que se abolió la esclavitud en el mundo, en toda nación bien gobernada existe a plenitud, es sinónimo de libertad, de respeto, de un mundo sin fronteras, de integración, de cultura y de hermandad.

En Venezuela desde que fue creada CADIVI ahora CENCOEX, o mejor dicho, desde que fue instaurado el control de cambio, hace más de una década; la frase “libertad de tránsito” perdió una de sus palabras esenciales, la que le da el grado de importancia para situarla como derecho en todas las Cartas Fundamentales de la Comunidad Internacional, incluso en la Declaración Universal de Derechos Humanos (art. 13) y en la Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José) (art. 22). En nuestro país la “Libertad de Tránsito” fue sustituida por el “Tránsito Limitado”, es decir, murió para los venezolanos la palabra “Libertad”.

La pérdida de este derecho fundamental ha sido progresiva, como el famoso símil del sapo en agua tibia. Basta con hacer un breve recordatorio de las medidas cambiarias aplicadas solo en cuanto a los medios o mecanismos de acceso: recordemos que al inicio el cupo era utilizado mediante tarjetas de débito ABRA 24 o SUICHE 7B, es decir, con solo tener una cuenta bancaria cualquier persona accedía a las divisas de viajero; luego se implementó el acceso mediante tarjetas prepagadas, lo cual permitía que cualquier persona accediera a las divisas solo solicitando a su banco dichas tarjetas de libre acceso; en 2007 se dio un cambio fundamental, se prohibieron las prepagadas y se estableció como mecanismo único y excluyente las tarjetas de crédito, este cambio fue un duro golpe a todos los venezolanos que no tenían tarjetas de crédito, vale decir, el producto bancario más elitesco, más clasista y más oneroso, es decir, el libre tránsito quedó solo para tarjetahabientes bancarios, excluyendo a millones de ciudadanos que no detentaban ese producto bancario; esto empeoró aún más en 2015, cuando se estableció como única llave de acceso a las divisas, tarjetas de crédito solo de bancos del Estado, lo cual excluyó de un solo plumazo a 5 millones de ciudadanos que únicamente tienen sus tarjetas en bancos privados.

Estos comentarios son apenas un abrebocas en este tema tan gris para los venezolanos, en esta oportunidad solo hablamos de la discriminación implementada mediante cambios en los mecanismos de acceso a las divisas de viajero, en otras entregas hablaremos de la pérdida del “libre tránsito” por recortes en los montos de los cupos, por los diferentes tipos de cambio (valor del dólar) y por restricciones con las líneas aéreas.