En nuestra Venezuela actual el termino “vida plena” cobra gran significación, inmersos en un debate ideológico, político y social, pareciera que ese término estuviere sujeto a interpretaciones y que por lo tanto podría ser visto de una manera o de otra según convenga. Comencemos por buscar un significado objetivo, aceptable por todas las personas más allá de su ideología, conveniencia o religión:

“Vida plena es vivir con emociones producto de experiencias pasadas, presentes y expectativas futuras que nos hagan sentirnos bien, es sentir placeres, tener aspiraciones, recibir gratificaciones, disfrutar de lo alcanzado. Vida plena es vivir felices, seguros y satisfechos con si mismos, es tener sueños y poder alcanzarlos”.

Visto de esta manera, cabría la gran pregunta ¿los venezolanos actualmente tienen una vida plena?

Si nos desprendemos todos de los compromisos políticos, nadie podría decir que se siente bien porque los suyos han ganado batallas en una supuesta guerra, porque se ha invertido la titularidad en el ejercicio del poder o porque en el futuro que esperan desde hace muchos años si habrá de todo. La vida plena no admite conformismos que representen la renuncia a nuestra calidad de vida, a los derechos conquistados, al contrato social que nos rige.

Vida plena es un estado del ser humano, encontrarlo es una tarea, un legado de verdad verdad para nuestros hijos, la democracia misma es un mecanismo para conseguirlo.