Nuestro país se encuentra en una situación verdaderamente penosa para los venezolanos, un problema que va más allá de un mero asunto económico, se trata de un deterioro generalizado de todos los aspectos de la vida cotidiana. Hoy tomaremos solo uno de esos aspectos que en el campo de los consumidores marca la diferencia entre lo bueno y lo malo, hablemos entonces un poco sobre la calidad de los bienes y servicios. Para comenzar es importante precisar que el acceso a los bienes y servicios de calidad no es un asunto de mera percepción, se trata de un derecho de rango constitucional que está previsto en el artículo 117 de nuestra Carta Magna, no se limita al simple acceso a estos bienes, sino que además otorga el derecho a elegir, lo que nos lleva a la necesaria variedad de estos bienes, de lo contrario no tenemos nada que elegir, vamos por lo que hay.

En este aspecto los venezolanos hoy en día no disponemos de bienes y servicios de calidad en cantidad y variedad suficiente para ejercer el preciado y constitucional derecho a elegir, al contrario, el desabastecimiento nos coloca en una suerte de cacería para localizar cualquier producto, de cualquier marca tipo y precio, una suerte de retroceso en el tiempo que nos lleva a la práctica de la caza y la pesca urbana como método de supervivencia. De igual manera es necesario que además de la disponibilidad de bienes y servicios de calidad, el poder adquisitivo sea adecuado y estable, es decir, un control de inflación que permita que el ciudadano pueda acceder a los bienes y servicios de calidad, esto no amerita mayores comentarios, pues todos sentimos en este momento la más fuerte inflación de toda nuestra historia, cada día tenemos que sacar de la lista algo que ya no podemos comprar.

Hemos visto la cara de la moneda del consumidor, la otra cara es el empresario, el productor y proveedor de bienes y servicios de calidad, es esta la raíz del problema. A pesar de que la constitución también proclama como modelo socioeconómico la libre competencia y la libertad económica, se ha instaurado un sistema de control de todo, precios, producción, importación, divisas, etc., que sencillamente rompe la competencia económica, desanima al empresario y por lo tanto desincentiva la inversión, ingredientes del daño.

Anauco durante los últimos meses ha venido realizando sondeos de percepción muy puntuales, lo que hemos llamado “El Semáforo” la audiencia premia con el verde los bienes y servicios que considera buenos, con el amarillo marca los regulares y con el rojo castiga los malos. Los resultados muestran el grado de deterioro que existe en el país, hemos elegido diversos rubros, marcas y empresas y ninguno ha resultado premiado por los consumidores, cuesta buscar el menos malo. Sin embargo, la gran esperanza es la que siempre terminamos invocando en nuestros artículos, se trata de despertar ese venezolano que llevamos por dentro, aquel que no olvida las cosas buenas, el que valora el éxito, el esfuerzo y vincula la igualdad con la oportunidad no con el regalo y la conformidad.