La protección de datos es un concepto que ha cobrado gran importancia en el mundo moderno, a raíz del avance de las nuevas tecnologías los datos viajan, se almacenan y procesan a gran velocidad, no hay barreras de espacio y tiempo que puedan detener la propagación de los datos. El punto de partida es determinar quién es el dueño de los datos personales ¿será el titular o será quien los recolecta y archiva?, este aspecto ha sido suficientemente debatido en el ámbito internacional, quienes ven los datos como un activo o mercancía defienden la tesis de que los datos son de quien los recolecta, pero quien los ve como información personal, protegida por el derecho a la vida íntima y a la confidencialidad, acogen el concepto de que los datos personales pertenecen a su titular.

En muchos países ha cobrado fuerza la segunda tesis, tomando en cuenta la necesidad de proteger la integridad física y los bienes de las personas, además de los derechos a la intimidad antes señalados. Dicho de otra manera, si los datos de las personas llegaren a manos de delincuentes, el titular de los mismos se hace presa vulnerable del delito, basta conocer los datos de una persona para saber su capacidad económica, sus debilidades; muchas de las estafas y fraudes se sustentan en el conocimiento y manejo de datos de la víctima que vulneran su buena fe y lo conducen al error. Bajo estos argumentos en esos países existe una verdadera cultura de protección de datos, sustentada en leyes especiales, promulgadas con el espíritu de proteger a los ciudadanos ante el inminente riesgo que representa el manejo de sus datos.

En Venezuela, la constitución contempla el derecho a la protección de datos, podemos precisarlo entre otros en el artículo 60:

“Toda persona tiene derecho a la protección de su honor, vida privada, intimidad, propia imagen, confidencialidad y reputación.

La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y ciudadanas y el pleno ejercicio de sus derechos”.

Sin embargo, más allá de la disposición constitucional, en Venezuela no hay cultura de protección de datos, ni siquiera se toma en cuenta el alto índice delictivo por el que atraviesan los venezolanos, contrariamente, el manejo inadecuado de datos ha causado terribles daños a las personas, recordemos por ejemplo; “La Lista Tascón”, los fraudes bancarios cuyos niveles en el país son muy superiores a los de otros países a pesar de los esfuerzos del sector bancario por instalar robustas plataformas tecnológicas.

De esta manera, hoy más que nunca se hace necesario hablar de protección de datos, la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario (SUDEBAN) ha solicitado a la banca el reporte diario de los saldos de las cuentas de los ciudadanos, es decir, la SUDEBAN ha dispuesto la transmisión y manejo de uno de los datos personales más sensibles y de mayor riesgo, vulnerando el derecho y poniendo en riesgo la integridad física del titular, de su familia y de sus bienes. Para sustentar este temor, basta con analizar cómo otros organismos del Estado como la SUDEBAN, manejan de manera abierta los datos de las personas, sin ningún tipo de resguardo, tal es el caso del CNE en cuya página con solo colocar un número de cédula, cualquier persona puede saber en dónde vota alguien e incluso saber su tendencia política, ya que se puede ver por ejemplo si tendría que validar su firma en el referéndum revocatorio del presidente de la República; otro ejemplo es la página del IVSS donde cualquiera puede conocer dónde trabaja y cuánto gana cualquier ciudadano.

En un país donde se manejan alegremente los datos de las personas y donde el delito tiene altos índices, no se puede permitir bajo ningún criterio la vulnerabilidad de los datos bancarios. Exijamos contundentemente el respeto de nuestros derechos, hagámoslo no sólo por nosotros mismos sino por nuestras familias. El llamado se extiende a las instituciones bancarias, las cuales deben oponerse legalmente a esta solicitud, tienen el deber de velar por la seguridad de sus clientes.