Resultan verdaderamente asombrosas las recientes declaraciones del gobernador del Táchira sobre la implementación de un nuevo mecanismo de comercialización de alimentos como plan piloto en Caracas “Vamos a comenzar el sábado en una especie de Makro, no hay una regulación en cantidad de productos, ya que son comprados en bolívares pero con precios internacionales (…) hemos hecho algunos trueques con Colombia”. Lo primero que hay que leer entre líneas es por qué anuncia algo así el gobernador del Táchira y no los responsables del área respectiva; simultáneamente el Vicepresidente de la República anuncia un Decreto a través del cual el Estado se reserva el derecho de adquirir hasta 50% de los rubros producidos por la agroindustria nacional, pública y privada, para distribuirlos de manera directa en los CLAP.

A primera vista da la impresión de que ambos anuncios son contradictorios, pero si los vinculamos y no los vemos aisladamente, es claro que estamos ante una nueva estrategia que por una parte simula un viraje de 180 grados en cuanto al modelo de de regulación de precios que se nos ha impuesto progresivamente durante más de 17 años, pero a la vez plantea un trato especial a la población más abatida. Nos están diciendo a estas alturas, después de habernos hecho pasar tanto trabajo, tanto desabastecimiento, que ahora si podremos comprar lo que queramos, sin limitaciones pero a precios internacionales, mientras la producción nacional regulada a precios congelados se dirigirá a los CLAP, para que el estrato que más ruido está haciendo, las clases populares que hacen colas todos los días para comprar, vean con agrado ese sistema de administración de crisis CLAP, donde nadie más que el Estado elige lo que deben comer los ciudadanos.

De cualquier manera, estos hechos son la muestra clara de que no hay voluntad para resolver los problemas de fondo de nuestra economía, lo que equivaldría a aumentar la producción nacional para que no dependamos de las importaciones, controlar la inflación y el desabastecimiento para todos, porque somos iguales según la constitución; contrariamente se sigue insistiendo en modelos de administración de crisis, ensayo y error y mientras tanto los consumidores del timbo al tambo, un día es delito vender a precios más altos que los regulados, otro día el gobierno hará trueque para vender a precios internacionales; un día hay control de cambio y se prohíbe referenciar precios en dólares, otro día nos venderán a precios internacionales, es decir, referenciados en dólares. Las barreras ideológicas y el discurso de confrontación son los peores enemigos para quien tiene la tarea de estar a la altura del mandato popular, devolvernos la tranquilidad y la calidad de vida que todos merecemos sin distingo político.