Cientos por no decir miles han sido las veces que en los últimos años hemos escuchado las palabras de nuestro título, han sido puestos en el papel y el anuncio recursos económicos; zonas pesqueras, acuicultura; zonas agrícolas y pecuarias; viviendas; minería -hasta titanio; planes de seguridad y salud; el turismo; los alimentos y medicinas y un sin fin de cosas más. Sin embargo, a pesar de tanto anuncio nos preguntamos ¿dónde están todas esas cosas? ¿cómo hace el venezolano para alcanzarlas? La respuesta es sencilla, el bienestar no se decreta sino que se construye, no basta pronunciarse, hay que ocuparse.

En cualquier país del mundo el éxito gubernamental proviene de la ejecución de acertadas políticas públicas, el concepto del Papá Estado siempre fracasa, por el contrario la estabilización de las economías, la participación privada, la libre competencia, la variedad del mercado, la producción nacional y el trabajo formal, siempre triunfan. Esto explica el hecho de que la mayoría de los países de Suramérica por no exagerar en la comparación con países de mayor desarrollo, han alcanzado la codiciada estabilidad, mientras que nuestro país muestra las cifras de inflación y desabastecimiento que nadie quiere tener, ni los cubanos con todo y Trump a la cabeza de los EE.UU quieren hoy en día parecerse a los venezolanos.

Por su parte la sociedad civil tiene que dejar de ser hijo pueblo y entender que las cosas y los derechos se conquistan, no los regalan, somos una sociedad mayor de edad, con mucho recorrido como para esperar que todo se resuelva a través de alguien o algo, frente al trabajo informal más trabajo formal, frente al desorden más orden, todo esto está en manos de nosotros mismos, se ha puesto de moda en el mundo empresarial la palabra “resiliencia” nada es eterno. Tenemos que ser impecables en el comportamiento pero también en la exigencia, si nos acostumbramos al bachaqueo y al atajo estamos contribuyendo con ese país que hoy tenemos y no se parece a nuestra Venezuela.